Todos los meses del año son buenos para viajar y conocer nuevos paisajes, pero otoño tiene un lugar destacado en cuanto a la magia que desprenden la luz y los colores de esta época del año. El Valle de Núria va a ser nuestra primera muestra de ello.

Así pues, aprovechamos la ocasión de haber sido invitados por el Patronato de Turismo de Girona y por la ACAVE, para descubrir o refrescar la experiencia de visitar algunos lugares maravillosos de esta provincia.

Compartimos el vídeo del viaje en cada uno de los tres post que vamos a publicar sobre el viaje. Esperamos que os guste!!

 

 

Comenzamos nuestro recorrido por el Valle de Núria, un enclave al que solo se puede acceder vía tren-cremallera o caminando. Bueno, y lo de subir caminando requiere su dosis de esfuerzo y una buenas botas, ya que deberemos de subir hasta los 1.964 metros de altitud, por caminos estrechos y con puntos bastante aéreos (en invierno, ni siquiera existe esta posibilidad). Pero como debemos visitar muchos lugares, subimos cómodamente en el tren cremallera, con un trayecto de 12,5 km de línea y que fue inaugurado en 1931. El cremallera une la población de Ribes de Freser, donde tiene enlace con los trenes de la red de vía ancha, con Queralbs y el Valle de Núria, donde se pueden practicar diversas actividades de ocio y en invierno además del esquí.

Una vez llegados a Núria, visitamos el Santuario de la Virgen de Núria, donde además de acercarnos a contemplar su virgen, podemos hacer lago un tanto peculiar, y es el meter nuestra cabeza dentro de una olla, lo cual nos curará de dolores de cabeza y nos proporcionará fertilidad (según dicen las historias del lugar).

 

 

Ya por la tarde, y después de comer,  entramos en nuestras habitaciones, ubicadas en lo que antes fueron celdas, pero que ahora tienen un nivel fantástico de confort.  Para los que os gusten los retos, podéis cronometrar a ver cuanto tardáis en descubrir el funcionamiento de la ducha…  una vez lo logréis (no sufráis, que tampoco se tarda tanto), el agua cae generosamente, convirtiendo ese momento en una auténtica delicia.

 

 

Después de esa primera ducha, le llega el momento a las actividades para descubrir el Valle.

Inicialmente, al parecer teníamos prevista una pequeña excursión a caballo, pero nuestros cuerpos recién llegados al lugar, no estaban para mucho trote, por lo que arrancamos con un agradable paseo hasta el lago, donde nos aguardan las barcas a remo. Dos opciones, ir en kayac o en bote, siendo esta segunda opción la elegida por el grupo, así podemos ir todos juntos y reírnos a gusto con la experiencia.  Se trata de un pequeño lago artificial, pero no por ello menos encantador.  Eso sí, hay que vigilar de no irse muy para el fondo, que toparíamos con la parte alta de una presa, aunque por suerte está todo muy bien señalizado.  A quien le gusten los animalitos, deciros que  en el lago hay carpas, e incluso alguien creyó ver un pato (extremo no confirmado por ningún otro integrante del grupo).

 

 

Finalizada nuestra experiencia marinera, llega el turno al senderismo. Al ser algo tarde, hacemos una pequeña excursión de proximidad, aunque el Valle da para largo en tema de rutas, vale la pena alojarse ahí unos días solo para poder recorrer un par o tres de ellas.

 

 

De regreso al hotel y tiempo de descanso o para una nueva excursión nocturna, descendiendo suavemente por la ladera de la montaña con frontales. Al parecer, también es posible cenar en el albergue que hay más arriba (bajo petición), pero a nosotros nos aguardaba una suculenta cena en el hotel, quizás en otra ocasión…